17 de noviembre de 2014

Erasmus, que no orgasmus.

No era yo entonces la persona que soy ahora, principalmente en cuanto a emociones y percepción personal se refiere. Italiano, tenía que ser italiano, con todo ese despliegue de atenciones que saben manejar tan bien y que casi siempre tiene un punto de irrealismo para la españolita de turno. No nos engañemos, no estamos acostumbradas y aunque una parte de ti te avise y te diga que andes con pies de plomo, es difícil resistirse por más que tu razón te siga enviando avisos.

Era alto, bien formado, de sonrisa encantadora, manos grandes que rasgaban su guitarra con talento y una voz dulce que acompañaba a sus ojos en calidez. Yo sólo iba a ser su amiga-profesora de español. Un país extranjero, frío, gris y dos almas mediterráneas pasando horas juntas. Probé la miel de sus labios apenas un par de veces y fue suficiente para perderme. Me frenó, su corazón ya latía en español pero no por mí. Me alejé decidida a pasar página pero a diario me topaba con él: comedores universitarios, pub donde íbamos todos los erasmus, salas habilitadas para navegar por internet, emails y acercamientos en persona. ”¿Quieres un té?”, “te invito a comer”…

22 de agosto de 2014

Merecimiento

“Todos queremos cosas pero no siempre las merecemos”, así de simple o tonta o profunda es la frase que me ha calado más allá de la piel esta tarde. Depende del día que tengamos, animado o triste, una misma frase puede provocar ciertos sentimientos en nosotros.
¿Merecemos todo aquello que deseamos?, ¿somos nosotros quien lo decidimos? Como haya algo que creemos que no merecemos dará igual cuánto se nos intente convencer desde fuera de que sí.
Educación recibida, vivencias más o menos traumáticas; cada uno tendrá su aprendizaje y sus motivos para haber llegado a la conclusión, o creencia diría yo, de que aquello que su corazón desea no está a su alcance porque no lo merece, consecuentemente no luchará por ello. Si el destino se lo pone delante probablemente no sea capaz de reconocerlo o lo apartará, más o menos conscientemente, porque “eso” no es para él.


Algunos pasamos por la vida planteándonos constantemente el porqué o para qué de aquello que nos sucede y solemos ser los que más escollos encontramos (no porque tengamos más que los demás sino porque somos más conscientes de todos los que queremos superar) precisamente por ello, por analizar todo casi al microscopio, lo cual es agotador, por cierto. Seguramente somos muchos más de los que creemos los que deambulamos en nuestro limbo de dudas y frustraciones constantes.

Merecimientos: sentir que no nos merecemos amor, prosperidad, bienestar; que no se está a la altura y no se merecen ciertas cosas (cada uno de nosotros sabe qué poner aquí, ¿verdad?…)
¿Acaso se ama a alguien porque lo merezca o simplemente porque sí? Los padres y madres aman de manera incondicional, y estamos rodeados de personas que a su manera nos quieren. Tanto si lo deseamos como si es a nuestro pesar.
¿Porqué no iba cualquiera a merecer prosperar y sentir que tiene una vida plena? Eso no quiere decir que no vaya a tener inquietudes por mejorar u otros retos que conseguir.



La frase que ha vuelto a desatar torrentes de emoción cerrando el día ha sido algo así como “no querría que cambies, ya eres perfecto como eres”. Pocos pensamos que estamos bien tal como somos, o al menos en el caso de las mujeres solemos estar mucho menos conformes con nosotras mismas que ellos.

Y pasa un día más dejando una resaca de emociones. Sobreviviendo.


23 de febrero de 2014

Llena de tí (carta de amor-ficción)

Hoy amanecí llena de ti. Mantuve aún un momento los ojos cerrados al despertar, recreándome en tu mirada, esa que me había pertenecido en sueños de nuevo. Esa mirada verde y dulce que anhelo aún hoy a pesar del tiempo que ha pasado.
Te veo tumbado frente a mí, con las piernas entrelazadas, como tantas veces en esas mañanas robadas en que dejábamos pasar el tiempo sin otra idea en mente que disfrutarnos. Aún ahora tu olor me acompaña, lo tengo metido en mi piel, y me recreo en los momentos en que me acurrucaba pegada a tu cuerpo, con las ganas satisfechas, mientras metía mi cabeza en tu cuello aspirando ese aroma tuyo, tras hacer el amor, que me volvía loca.

Libre, te quiero libre, solías decirme y el único retorno que yo quería era el de tus brazos alrededor de mí y tus besos diciéndome la felicidad que te provocaba mi vuelta. Tu pasión me sedujo, me sentí arrastrada hacia la luz que desprendías mas sin saber que la libertad que me dabas, tú no la tenías. Ocupabas todos mis pensamientos.